La Luna ilumina durante la noche, pero su luz no puede más que transformar las grandes sombras en diáfana claridad. Esto, según los mejores cartomantes, es una prueba de la coexistencia de la sombra y de la luz.
Por un lado La Luna aparece, entonces, como la luz que libera a los hombres de las influencias malignas, mientras por el otro indica la imposibilidad para los hombres mismos de ser atraídos contemporáneamente por la luz y por la sombra. Esto los introduce en un mundo denso de contradicciones, difíciles de asimilar para la mente humana. Como consecuencia de todo esto, a menudo se ha identificado la ilustración de la Luna con los significados emblemáticos provenientes de la lucha entre espíritu y materia, entre bien y mal, entre inmanente y trascendente, entre alma y cuerpo, entre puro e impuro, entre muerte y vida.
Desde un punto de vista estético el decimoctavo Arcano Mayor del Tarot, destaca por la variedad y el color de sus figuras, entre las cuales destaca el diseño de la luna representada en la parte superior de la carta.
Su representación es muy elemental, constituida por un rostro rodeado por una aureola rica de colores brillantes, del cual se ramifican una suerte de rayos, de lágrimas o de gotas invertidas que son contempladas por las criaturas que miran desde la tierra: dos perros o, según otras versiones un perro y un lobo que parecen aullar; en la parte inferior de este Arcano, se nota la figura de un cangrejo que, con todas las patas extendidas, descansa inmóvil en una especie de lago.
Según afirman algunos intérpretes de lo esotérico y de lo oculto, el cangrejo es un símbolo lunar y su significado emblemático más potente es el que lo pone en relación con la aridez de la vida, con la falta de ideas y con la esterilidad del espíritu pero, a pesar de ello, el cangrejo indica que incluso sin haber obtenido resultados concretos, es necesario continuar esforzándose para obtener beneficios para el futuro.